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En nuestra historia se han destacados innumerables hombres que bien han manifestado su grandeza por sus ideas y por sus accionar, nombres como: José Martí, Ernesto Che Guevara, Fidel, son utilizados para estudiar el desarrollo del pensamiento político de nuestra historia por la profundidad y dimensión de sus ideas.

Si la talla de estos grandes, es de imagen universal, merecedor de esta condición es otro cubano que, por su altísima calidad de sus dotes guerreras, ha llevado a que se ignore, se conozca imperfectamente otras facetas de su personalidad; un hombre de lúcido talento y de una maravillosa intuición, hombre de pensamiento al par que hombre de acción, Antonio de la Caridad Maceo Grajales.

No nos podemos limitar a lo escrito por su machete en los campos de batalla, sino que buscamos lo salido de su pluma que, aunque sencilla como sencillo fuera él, traducía fielmente su pensamiento revolucionario.

El pensamiento de Maceo se alza sobre su tiempo y lo hace estar por encima de otros hombres de su época : una personalidad nacida  de una familia de acero, recogió de su padre los conocimientos guerreros y de su madre una refinada educación, y de ambos el patriotismo, disciplina y su inquebrantable voluntad.

Para Antonio Maceo, la Patria era también un sentimiento de familia: En una ocasión le confesó a José Martí los dolores y sufrimientos más desgarradores que guardaba en su corazón… “¡Ah! …¡ Qué tres cosas! : Mi padre, el Pacto del Zanjón y mi madre. La primera vez que sufrí fue allá en los campos de nuestra Patria con la muerte de mi padre, lleno de amor por sus hijos y por el progreso de la independencia, que selló con su sangre, la segunda, en que tanto lloré de coraje y dolor, y que lamento aún por los males que ha causado a nuestro pueblo, fue cuando el Pacto infeliz, me apesadumbraba el recuerdo de él, de sus deshonrosas consecuencias, aumentando mi pesar al no tener en Cuba libre los restos de mi madre, mi padre unido al de mis hermanos en un solo nicho.”

La Patria soberana y libre era su único deseo, no tenía otra aspiración.

Su ejecutoria militar en las guerras contra el colonialismo español, sus casi 30 años de esfuerzo por la independencia, significados además por la fidelidad a los principios de la emancipación de Cuba, por una disciplina acrisolada, por un pensamiento político democrático de gran profundidad y carácter latinoamericanista, por una voluntad revolucionaria a toda prueba como quedó demostrado en su insuperable Protesta de Baraguá, permiten calificarlo como uno de los más completos revolucionarios cubanos del siglo XIX, no por gusto el maestro José Martí, le colocó en la cumbre de la Revolución Cubana de sus tiempos significando : Antonio Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo y es capaz de servir a la Patria más con el pensamiento que con el valor…”

Aspiramos con este trabajo a profundizar las ideas y opiniones de Maceo, a incitar al estudio del pensamiento político que de una medida de la grandeza del Titán y que sigue más allá de su muerte.

Su ejemplo: Preciosa herencia que ha de crecer permanentemente.


Pensamiento Político de Maceo

Es su pensamiento político el que otorga a Maceo una perenne vigencia. Su existencia heroica será siempre una de las páginas más hermosas de la Patria, sus empresas bélicas y sus sacrificios pertenecen a la Historia.

Emite conceptos que son, a pesar del tiempo transcurrido, un eterno código ciudadano henchido de lecciones y ejemplos para los cubanos.

El guerrero formidable, el señor de las batallas, el coloso militar que vive montado en su caballo es paradójicamente un respetuoso de la ley y enamorado de la democracia : cree firmemente que los regímenes fundados por la tiranía y sostenidos por la fuerza y el terror deben caer, lucha contra una tiranía oscura y cruel que tritura al hombre, que le desconoce sus derechos y anula su libertad, por eso convierte su vida en un glorioso apostolado para levantar a la Patria sobre el respeto a la dignidad plena del hombre.

Con palabras en las que refulge la presencia de su dignidad ciudadana añade expresiones que deben estar escritas donde las puedan leer todos los cubanos:

“…Protestaré con todas mis fuerzas y rechazaré indignado, todo acto ilegal que pudiera intentarse vulnerando los sagrados fueros y derechos del pueblo cubano y condenaré por último, todo paso que se pretenda dar fuera de la órbita de las leyes, que estamos todos en el deber de respetar y cumplir”. (Carta a José Martí, Bajo Obispo, 15 de Enero 1887)

Estas palabras tan dignas evidencian la talla de fundador y las dimensiones de ciudadano magnífico y ejemplar que concurrieron en el hombre de Baraguá.

Según el pensamiento de Maceo, son los hombres de inteligencia y carácter los que deben regir a los pueblos, sólo una República organizada sobre sólidas bases de moralidad y de justicia garantiza todos los derechos ciudadanos, es menester la moralidad y la justicia en sus  más amplias y progresistas concepciones.

El decoro es para Antonio Maceo algo esencial. El honor está sobre todo. Política y ética son dos concepciones de su pensamiento fuertemente enlazadas, no quiere la libertad si unida a ella va la deshonra.

Para él –lo dice a Máximo Gómez– los hombres de sano criterio y rectos principios defienden sus derechos sin mengua de su dignidad.

No en vano afirmamos, como quien está seguro de su historia, que Maceo ha sido siempre un hombre de honor, por una razón moral no tiene ambiciones personales ni las admite en los demás porque son deshonrosas.

Nada falta al pensamiento político de Antonio Maceo para tener una magna dimensión humana y una imperecedera proyección en el tiempo. Ni siquiera le falta una íntima vibración de amor.

Cuando se repasan sus ideas, expuestas en cartas y proclamas, se advierte de inmediato un sentimiento de lucha, el espíritu de sacrificio, la generosidad humana, la intransigencia revolucionaria, la disciplina ante la vida, todo esto nos exige que conozcamos, cada vez mejor a Maceo: que sepamos bien qué pensó y qué previó para la República que habría de surgir de sus esfuerzos y qué quiso hacer por los pueblos hermanos de nuestro continente y por toda la humanidad.

Uno de los méritos más extraordinarios de Maceo es que jamás se dejó arrastrar por el envanecimiento, ni por la ambición, ni por los perjuicios.

Desde los días de su iniciación guerrera en la lucha de los Diez Años (1868-1978) expuso con claridad y energía tesis y doctrinas sociales, políticas y militares, a las cuales los años y la rica experiencia vital fueron madurando y enriqueciendo y que constituyeron siempre norte y guía de su acción libertadora.

Protesta enérgicamente y con la misma celeridad con que acomete al enemigo externo, carga contra quienes roen con torpes campañas racistas las entrañas de la Revolución libertadora, y le sale al paso a esas calumnias manteniendo una correcta actitud igualitaria, antirracista, haciendo hincapié en la necesidad de borrar las consecuencias de varios siglos de régimen esclavista, para que ni ahora ni en cualquier tiempo se le considere partidario de ese sistema, ni se le tenga como autor de doctrinas injustas y funestas, máxima cuando forma parte, y no despreciable, de esa república democrática que ha sentado como base principal la libertad, la igualdad y la fraternidad y que no reconoce jerarquías.

“Ojalá tengamos camino fácil hasta el fin, abrazados en la paz, después de haber sido hermanos en la guerra “ (Carta al presidente de la República José Estrada Palma, 16 de Mayo de 1876)

Nadie ha podido darnos un retrato mejor ni más completo del Titán que estas líneas : 

“…En cuanto a mí amo a todas las cosas y a todos los hombres porque miro más a la esencia que al accidente de la vida, y por eso tengo sobre el interés de raza, cualquiera que ella sea, el interés de la humanidad, que es en resumen el bien que deseo para mi Patria querida…”.

Para Maceo los deberes para con la Patria estaban por encima de todo esfuerzo humano, verla soberana y libre era su único deseo, no tenía otra aspiración, sólo con la soberanía se obtienen derechos a la dignidad sosegada y la representación del pueblo libre e independiente.

No hay apenas que explicar, cuando se hable de patriotismo y disciplina, de quien simboliza a los patriotas sacrificados en el cumplimiento de su deber. Indignación y desprecio le producen la invitación al desorden y desobediencia pues como bien lo expresa : “…sólo son propios de hombres que no comprenden los intereses patrios y personales…” Vuelve a reafirmarse cuando expresa : “…no estaré donde no pueda existir orden ni disciplina” (S. Agustín, julio 5 de 1877 carta a Vicente García).

Martí le refiere : “El patriotismo de usted, que vence a las balas, no se dejará vencer por nuestra pobreza – por nuestra pobreza bastante para nuestra obligación”. (Carta de Martí a Maceo, Montecristi, 26 de febrero de 1895).

En Maceo, hombre inteligente, sin formación académica ni oficio intelectual hay siempre una actitud de reconocimiento y respeto por la integridad de los hombres, teniendo el valor moral de sus convicciones para decir con honrada franqueza lo que piensa, entreviendo el nobilísimo empeño de sacar ilesa la causa de Cuba, conservándole su prestigio y manteniendo encendido el fuego sagrado del Patriotismo en pensamiento y acción como servidor abnegado de la causa libertadora, poniendo el deber imperativo de vencer o morir por encima del amor, del hogar, de la vida.

Es honor de los cubanos contar con el pensamiento, con la doctrina de quien fuera estandarte de una verdadera grandeza… “La Patria ante todo; tu vida entera es el mejor ejemplo, continuar es deber, retroceder vergüenza oprobiosa. ¡Adelante pues, para el terruño la gloria de sacrificarlo todo!”

El nombre de Maceo, como mágico conjuro, convoca en torno a él a todas las clases sociales cubanas ansiosas de libertad. Renacen con esto los viejos recelos de la vieja burguesía criolla frente a las supuestas ambiciones del gran mulato y la respuesta de Maceo ante esto da íntegra medida de su grandeza: “Ahora bien cuando se dice que debo esperar a que me den, debo significar que las ofertas están buenas para los que mendigan puestos, o por las personas que no sepan conquistarse con sus propios esfuerzos el que deban desempeñar en la vida pública, por lo que suplico que no olviden mis condiciones de hombre de este temperamento si en otra ocasión se le ocurre hablarme de puestos y destino que nunca he solicitado, tengo la satisfacción de no haber desempeñado ninguno por favor…”

Conociendo su vida, el medio socio-político donde se desarrollan y maduran sus ideas no cabría la pregunta de por qué peleó diez años y por qué deseaba la libertad de la patria sino pretendía lucro personal, y si pudiera responder lo haría con la misma energía que siempre lo hizo. “Quiero tener la gloria de haber contribuido al bien e independencia de Cuba y llevar con orgullo el título de buen ciudadano, que da brillo y grandeza cuando se obtiene sin manchas. Las bastardas ambiciones nunca conducen al bien común de los pueblos, y son indignas de nuestra causa”. (Carta a José A. Rodríguez, Kingston, 1 de Noviembre 1886).

La ambición infunde temores y dudas hasta donde no existen, hace egoístas y desconfiadas a las personas; la honradez y la lealtad en cambio son virtudes que enaltecen a los hombres.

“Nada más grande ni más hermoso para un mortal, que inmortalizar su nombre con la bendición de todo un pueblo”.

Para quién más merecida sería esa inmortalidad, esa estimación del pueblo, sino para quien manifiesta siempre, además de otros valores, el desinterés por el poder y sus beneficios, en ningún momento apoya conveniencias sectarias ni abriga interés personal, siempre estuvo al lado de los intereses sagrados del pueblo y no junto a los intereses mezquinos.

Alcanzada ya la plena madurez de su pensamiento, habla de “la independencia absoluta de Cuba, no como fin último, sino como condición indispensable para otros fines ulteriores más conformes con el ideal de la vida moderna”. Que es la obra que nos toca tener a la vista sin atemorizarnos de ella, para resolverla con “la lealtad del ciudadano que se debe a la patria y con la honradez y pureza de motivos del hombre que ante todo se debe a la humanidad”. Es decir, que Maceo tiene plena conciencia de la Revolución social en que se debe culminar el movimiento independentista y está dispuesto a consumarla, se descubre sus entrañas civilistas y su justa comprensión de la necesidad de las guerras de liberación nacional. Está también su comprensión cabal del proceso histórico y de la necesidad de adecuar la acción revolucionaria a los factores reales de cada momento.

Visión altísima de sus destino histórico se profundiza en Maceo, no se trataba de sustituir a los españoles en la administración de Cuba ni dentro de esto, del monopolio de un elemento sobre los demás; por el contrario, es la idea de hacer de nuestro pueblo dueño de su destino, poniéndole en posesión de los medios propios de cumplir su misión como sujeto superior de la Historia, para cuyo fin necesita ser unido y compacto.

La unión cordial, franca y sincera de todos los hijos de Cuba es el ideal de su espíritu y el objetivo de sus esfuerzos. En momentos en que otros sembraban el divisionismo, él se destaca como un luchador por la unidad de los revolucionarios.

En 1885 su pensamiento absolutamente claro manifiesta que las fuerzas de la independencia deben organizarse en un partido político. “Mi opinión es que nos organicemos, buscando los medios de realizar nuestra empresa revolucionaria, y la manera más adecuada y segura, respetuosa e imponente, civilizada y disciplinada, práctica y de oportunidad es que nuestro partido se constituya”… (Carta a José A. Rodríguez 10 de Enero 1886).

El anhelaba la unidad de nuestros pueblos por lo que se considera seguidor de las ideas de Bolívar. Contaba con la simpatía latinoamericana como una de las armas contra el poderío declinante de España. Por tantas demostraciones de simpatía en América Latina a la causa cubana, así tanto como desconfiaba en los “vecinos poderosos”, cuyo interés era opuesto al de la independencia de Cuba, confiaba en los pueblos hermanos de Latinoamérica, en los pueblos de todo el mundo.

¿Quién no percibe el emocionante sentido de continuidad histórica que se desprenden de frases paralelas de Maceo y del Che?“Cuando Cuba sea independiente, solicitaré del gobierno que constituya, permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gusta entregar la espada dejando esclava esa porción de América, pero si no coronaré mis fines, entregaré el sable pidiendo a mis compañeros hagan lo mismo”. (Carta a Anselmo Valdés, San Pedro, 6 de Junio 1884).

El Che dice a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental… “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte bienvenida sea, siempre que ese nuestro grito de guerra haya llegado hasta oídos receptivos, y otra mano se extienda para empuñar nuestras armas, y otras se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteos de ametralladora y nuevos gritos de guerra y de victoria”.

Más allá de sus personales desapariciones separadas por más de medio siglo, encabezan las luchas actuales de todos los pueblos que aspiran a su definitiva libertad e independencia, ¡que admirable lección de patriotismo universal!, ¡que sentido de solidaridad americana!.

El antiimperialismo de Antonio Maceo, como el de José Martí, nace de su visión realista y de su comprensión cabal del proceso histórico del continente americano. Denuncia los amagos intervencionistas de gobiernos que se deben a los grandes intereses del capital financiero y que aspiran a cobrar el servicio prestado a la revolución libertadora con las tierras de la isla.

Maceo asombra a nuestra generación por la clarividencia, por la profundidad con que fue capaz de analizar también el fenómeno imperialista.

Su preciso y definido antiimperialismo, su rotunda negativa a dar participación a Norte América en la causa de la libertad de Cuba, para no comprometer ni política ni económicamente con cadenas muy difíciles de romper, a la república que él pensaba, sólo debía surgir por el propio esfuerzo de los cubanos.

“…No necesitamos de tal intervención para triunfar…” (Carta a Tomás Estrada Palma, 14/4/96).

Maceo fue abierto, decidido e inmutable, antiintervencionista, antiimperialista, sólo creyó en la eficacia del esfuerzo propio para resolver todos los problemas cubanos de aquel entonces y del porvenir.

“…de España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad  se conquista con el filo del machete, no se pide, mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlo… todo debemos fiarlo a nuestro esfuerzo, mejor es subir y caer sin ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso…” (Carta a Federico Pérez Calvó, 14 de Junio de 1896).

Tan arraigado estuvo en Maceo durante toda su vida el sentido de una Cuba verdaderamente libre, de una Cuba cubana, y de tal modo le repugnaba cuanto pudiese significar dependencia o sometimiento al poderío político y económico de norte América, que en ocasión de un homenaje que le ofrecieron en el hotel Venus de Santiago de Cuba el 29 de Junio e 1890 oyó decir a uno de los comensales que Cuba llegaría a ser por la fuerza de las circunstancias una estrella más de la constelación americana, le replicó inmediatamente: “Creo joven, aunque me parece imposible, que ese sería el único caso en que tal vez estaría al lado de los españoles”.

En el esfuerzo de los cubanos que trabajan por la patria independiente se encierra el secreto del triunfo, que solo traerá aparejada la felicidad del país si se alcanza sin aquella intervención.

Independencia para Maceo al igual que para José Martí era libertad completa, sin compromisos que la castran o la merman.

Su grandeza moral se deriva de un hombre moderado con los sentimientos más nobles y generosos, de ahí proviene la raíz de sus ideas políticas. “No es la mía una política de odios, es una política de justicia, es una política de amor”.

El ideal de toda su vida al que ha sacrificado su juventud, por el que ha derramado su sangre, por el que ha padecido las miserias de la emigración y por el que ha estado dispuesto a morir fue siempre la independencia de Cuba. “Las grandes causas requieren grandes sacrificios, digo mal no es sacrificio inmolarse por la patria, es la dulcificación del alma”.

 

Vigencia de su Pensamiento

“Esta es –nos dijo Fidel– una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.”

Por eso, en cada instante de nuestras vidas, en cada hecho que viva nuestro pueblo siempre estarán vigentes las ideas, el pensamiento, la vida brillante y ejemplar de nuestro Titán de Bronce.

Hoy cuando la Revolución ha probado su madurez y capacidad para preservar las conquistas, la actividad de los hombres que la llevan a cabo requiere de altos valores morales, profunda sensibilidad humana y revolucionaria y un claro sentido del deber, aristas del carácter y del pensamiento de Antonio Maceo que le dan vigencia militante para el presente de Cuba y de América. Las ideas y normas de conducta de nuestros héroes y mártires recobran cada vez con mayor fuerza el valor del ejemplo a seguir.

Con el Ministerio del Interior (MININT) teniendo más de tres décadas de creado, al estudiar el pensamiento de Maceo, vemos con suma claridad, que su conducta, su manera de actuar, su inteligencia preclara, sirven como modelo y guía a seguir por todos los miembros del MININT, e incluso su proyección humana tiene plena coincidencia con cada punto reflejado en el Código de Ética de los Cuadros del Estado Cubano firmado por todos nuestros dirigentes en Julio de 1996; cuyos preceptos se hacen reales en el quehacer cotidiano de la labor de los combatientes del MININT.

Ser sincero, no ocultar ni tergiversar jamás la verdad, luchar contra la mentira, el engaño, la demagogia y el fraude, es precisamente nuestra razón de ser de los revolucionarios, de un país que siempre, a lo largo de toda la historia de la Revolución ha demostrado que nuestra principal arma en la lucha contra nuestros enemigos internos y externos es precisamente la verdad, esto lo demuestra diariamente los gloriosos combatientes de la Seguridad del Estado, que lo sacrifican todo, hasta su propia vida para enfrentarse a cada intento de tergiversar la verdad, nuestra limpia y pura verdad.

Cultivar la vergüenza, el honor y la dignidad, rechazar por tanto cualquier ofrecimiento que atenta contra esa dignidad, pese a las carencias, limitaciones o aspiraciones, es sin lugar a dudas una parte incuestionable de nuestra ética, como militar, como justa representación que somos del pueblo cubano, valorando la confianza que han depositado en nosotros al hacernos custodios de sus bienes. Como lo han demostrado los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y combatientes del Departamento Nacional Antidroga (DNA), entre otros, que en el cumplimiento de sus misiones mantienen una actitud honrada, firme ante cualquier ofrecimiento que empañe su dignidad y la del pueblo que representan.

Fomentar y cumplir la disciplina, el respeto y la lealtad consciente al Partido, a la Constitución y a las leyes es una de las bases de la formación de los ciudadanos cubanos, en este sentido nuestros combatientes tienen la misión de hacer cumplir las leyes en cualquiera de las circunstancias, además tenemos la responsabilidad de educarnos a nosotros mismos y formar al resto del pueblo en las exigencias del orden y del acatamiento riguroso de las normas y regulaciones que se establezcan, predicar con el ejemplo personal, con una actitud exigente hacia sí mismo, así como con el respeto hacía los demás.

“La Revolución no tiene que renunciar a su carácter humanitario, pero para ser firme, para ser rigurosa, tiene que apoyarse en las leyes”. (Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en el acto por el Aniversario 40 de la constitución de la PNR)

Es una política de trabajo constante de los Jefes del Ministerio del Interior, vincular a sus miembros con los trabajadores, con el pueblo, como puntal firme de la unidad necesaria en la Revolución, muestra de ello es el hermoso trabajo que desarrollan los compañeros de la Brigada Especial con los niños y pueblo de su comunidad, la vinculación estrecha que existe entre el trabajo de la policía y las organizaciones de masas demostrando confianza y respeto en ellas.

Cuan grande ha sido el legado del pensamiento de Maceo que nos ha hecho ser bandera de principios humanos y solidarios como el internacionalismo y antiimperialismo.

El Internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria.

Imperialismo es una lesión histórica del mundo, por lo que no ha escapado de la visión de Martí, de Maceo, que desde entonces vislumbraban el daño que le hacía a América y a Cuba, por esa continuidad histórica, por ese daño manifiesto que nos hace el imperialismo es que la revolución cubana se defiende.

Vale decir que mientras más avancemos los cubanos en el conocimiento de nuestras raíces, más se agiganta en nuestras almas la figura de Antonio Maceo.

Es el hombre ideal que habremos de tomar como modelo en la formación de nuestra personalidad.

Como bien planteara nuestro Comandante : “Mantenemos nuestra revolución no por las fuerzas de las armas, sino por las fuerzas de las ideas, por la justeza de su causa”. 

Toda esa fuerza moral, toda esa fuerza social es el legado que nos dejaron hombres como Maceo, y una revolución que es el fruto de una historia heroica vale la pena defenderla y hay que defenderla.

 

Conclusiones

La vida y el pensamiento del General Antonio Maceo Grajales representan en toda su magnitud el sentimiento de lucha, el espíritu de sacrificio, la generosidad humana, la nobleza, el orgullo nacional y la intransigencia revolucionaria de nuestro pueblo.

El recuerdo de Maceo adquiere luces propias en el decursar del tiempo, está cada vez más ligado al pueblo.

Lo que hoy tenemos es su continuación directa, pero más aún podemos decir que desgraciadamente hoy tampoco ha acabado la tarea que él comenzó, porque mientras el enemigo imperialista mantenga sus garras fuertes, mantenga su apetito, sus deseos de destruir nuestra Revolución, tenemos que seguir en pie de guerra y sigue para nosotros tan viva y presente como en los días de las gestas gloriosas del 68 y del 95, la historia y el ejemplo de Antonio Maceo.

Y frente al imperialismo que nos amenaza hoy, con tanta furia como ayer, con tantos deseos de destruirnos como ayer, que prepara en silencio cada nuevo ataque, sacamos el arsenal de todas nuestras fuerzas y de toda nuestra fe, y no dejamos ni por un instante de recordarle a nuestro enemigo esa frase del Titán:

“Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre sino perece en la lucha”.

Por todo esto a pesar de lo que nos falta, pero por lo que ya somos podemos una vez más decirle a Maceo que hemos cumplido con él, que siempre seguiremos su ejemplo. Podemos mostrarle lo que está hecho, podemos asegurar a su memoria que todos los días trabajaremos para mejorar nuestra Revolución, y podemos invitarlo no a que duerma el sueño de los justos, que es entrar en el olvido, sino a que viva y vibre, y sufra con nosotros y sienta cada vez que nuestro país sea agredido del mismo fervor que heredamos de él, y goce con nuestros triunfos y nos acompañe en esta lucha porque ahora lo sabemos todos, y lo sabe él, que el resultado final de nuestra lucha, cualquiera que sea nuestro destino individual, será ¡La victoria y la Felicidad de nuestro pueblo por siempre!.

¡General Antonio, los mambises de la Patria de hoy llevarán la bandera de la dignidad y el decoro hasta que nos acompañe la fuerza de nuestro pueblo!. Tu aliento de vencedor, digno de la inmortalidad, se respira en los aires de la Patria Libre.

Hay muertos, que aunque muertos, no están en sus entierros, hay muertos que no caben en las tumbas cerradas y las rompen, y salen, con los cuchillos de sus huesos, para seguir guerreando en la batalla», Manuel Navarro Luna

 

A MACEO

De Bronce, cual la campana,

Te llaman por tu color,

Inteligencia, fuerza y valor

Desplegados en la sabana

Con tu machete certero;

Tu brazo se hizo de acero

Y de oro tu corazón,

Y de toda esa aleación

Forjaste tu imagen de pueblo entero.

.. A los seguidores de su ejemplo.

 

Referencias

  • Epistolario de héroes. González Cabrales. Ciencias Sociales 1996.
  • Revista Bohemia. Noviembre 30 de 1957. “El pensamiento político de Antonio Maceo”, por Octavio R. Costa.
  • Diario Granma, viernes 7 de diciembre de 1990. “Antonio Maceo: hombre de pensamiento y acción”, por Pedro Antonio García.
  • Diario Granma, sábado 7 de diciembre de 1996. “Una entrevista ignorada con el General Antonio”, por José Sánchez Guerra y Víctor Hugo Purón.
  • Revista Verde Olivo, 12 de diciembre de 1965. “Maceo antimperialista”, por Emilio Roig de Leuchsering.
  • “Mariana, raíz del alma cubana”, de Adys Cupull y Froilán González. Editora Política La Habana 1998.
  • “El pensamiento vivo de Maceo”, José Antonio Portuondo.
  • Discurso pronunciado por el General de División Raúl Castro en velada solemne el 7 de diciembre de 1959.
  • Discurso de Fidel Castro el 10 de octubre de 1968.
  • “Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida”, Franco, J, L.
  • Discurso de homenaje a Antonio Maceo, del 7 de diciembre de 1962. Ernesto Cheé Guevara Obras 1957 – 1967.
  • “Hombradía de Antonio Maceo”, de Raúl Aparicio.
  • “La Protesta de Baraguá”, José Luciano Franco.
  • “Código de ética de los Cuadros del  Estado Cubano”.
  • Discurso pronunciado por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en el aniversario 40 de la constitución de la PNR.
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Diana Betancourt Herrera

Diana, cubana, amante de los libros y de la historia de su país. Enamorada de su familia. Le gusta la buena música, el deporte y el buen café.

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