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El olor a café recién hecho en la mañana, el olor a pasto recién cortado, el olor del mar, están dentro de mis cosas favoritas y de las de mucha gente. Lamentablemente, vengo a arruinarte una de ellas. 

Un grupo de científicos alemanes ha probado que el olor que el pasto emite cuando es cortado es un compuesto orgánico, que las plantas emiten en señal de dolor, y como una señal de alarma o de aviso del ataque que están sufriendo. Esta investigación es bastante reciente, y nos muestra dos cosas: el poco conocimiento que tenemos de todas las formas en las que impactamos negativamente en nuestro planeta y cómo hasta las acciones que percibimos como inocuas generan un impacto negativo.

Pasado este momento incómodo en el que me (y les) arruino uno de mis olores favoritos, es momento de hablar sobre nuestras elecciones, y cómo cada una de ellas genera un impacto negativo durante nuestra vida. Llamémosle huella de carbono, la realidad es que todas nuestras acciones contribuyen a que esa huella sea más y más grande. Desde qué y cómo consumimos como individuos hasta nuestras elecciones como ciudadanos.

Estamos atravesando un evento ligado a la extinción (E.L.E, Extinction Level Event para los fanáticos del cine catástrofe hollywoodense), el séptimo del que se tiene conocimiento de nuestro (en términos geológicos) aún joven planeta. Los siete eventos tienen un factor en común dentro de muchos elementos completamente distintos: el crecimiento de los gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera (sobretodo dióxido de carbono). Los seis eventos de extinción fueron generados por causas naturales, y éste es el primer evento generado por las condiciones de producción y consumo de una especie.

Mientras los mayores contaminantes (Estados Unidos, China, Rusia, Canadá, entre otros) simplemente no forman parte de los tratados de cuidado del medio ambiente o debaten su inclusión en los mismos, distintos estudios plantean que la aniquilación masiva de especies tendrá su epicentro en 2100, mientras que otros plantean que en los últimos 50 años han desaparecido un 60% de la especies del planeta.

Ante este panorama poco esperanzador, una física (Kate Marvel, ninguna relación con la saga de Avengers) nos trae un mensaje simple: el panorama no es esperanzador porque el tiempo de la esperanza ya pasó, tenemos que ser valientes. 

Básicamente, lo que nos dice es que mucha gente al invitarla a conferencias le ha pedido que hable de esperanza, de esperanza en la ciencia, en nuestra especie. Marvel se ha rehusado constantemente, con un argumento muy simple: hablar de esperanza es, de alguna forma, maquillar o negar parcialmente la situación que estamos atravesando y de la que somos 100% responsables. Es hora de hablar del coraje, de realizar sacrificios que no se han realizado, cambiar nuestro modo de vida y nuestra relación con la naturaleza. 

Lo que nos dice Kate Marvel no es nuevo; es una declaración de 2018. Tampoco son nuevas las advertencias y el consenso de gran parte de la comunidad científica internacional sobre un hecho: el cambio climático es irreversible.

Ante este panorama, ¿dónde está la solución? ¿Tenemos que hacernos todos veganos? ¿Tenemos que tener medios de transporte energéticamente más eficientes? ¿Tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles y pasar a energías renovables? ¿Tenemos que dejar de producir y consumir plástico?

La respuesta es: todas las anteriores son correctas, y muchas más acciones que hay que tomar. Ahora bien, aunque es muy elogiable que muchos elijamos un estilo de vida en el que no consumimos carne, reciclamos lo que podemos, tenemos nuestra compostera y plantamos 5 tomates al año, y reciclamos nuestras latas de cerveza en macetas chic para nuestras terrazas (¿cuántas macetas nuevas podemos tener por año?), el cambio real no se dará por nuestras acciones individuales en cuanto a nuestras elecciones de consumo, cuando nuestro sistema de producción es 100% contaminante. 

El cambio real y que puede ralentizar (ya que está demostrado que es imposible detenerlo) el reloj del cambio climático es un cambio sistémico. Se debe cambiar nuestra relación con la naturaleza no como individuos conscientes sino como especie consciente. Como dije anteriormente, todas las respuestas son correctas, pero para que ese cambio se dé hacen falta acciones concretas y radicales de nuestros gobiernos, para cambiar los sistemas de transporte, producción de alimentos y producción de energía que tengan el menor impacto ambiental en el corto y largo plazo.

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Martín Lassalle

De Buenos Aires. Nómade apasionado del aire libre, la cooperación internacional y las milanesas con puré.

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