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Uruguay, en la sombra de sus gigantes vecinos Argentina y Brasil, es un pequeño país a menudo olvidado, generalmente recordado solo cada cuatro años en la Copa Mundial de Fútbol. Sin embargo, este país de 3,5 millones de habitantes tiene una historia y cultura muy interesantes.
Para su tercera película “La noche de 12 años”, Alvaro Brechner decidió socializar una parte importante de la historia contemporánea del país.

Inspirándose de hechos reales y de los recuerdos de dos de los protagonistas (extraídos de su libro “Memorias del calabozo”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof), la película “La noche de 12 años” sigue la historia de tres hombres sometidos a una experiencia secreta durante la dictadura militar que asoló Uruguay de 1973 a 1985.

Después del golpe de Estado, esos tres activistas que lideraban el movimiento político de extrema izquierda Tupamaros* fueron detenidos y puestos bajo custodia. En lugar de ejecutarlos, la junta militar decide mantenerlos como rehenes a quienes dispararán ante la más mínima acción de sus compañeros armados que permanecen en libertad, y de utilizar diversas técnicas para volverlos locos, al no poder matarlos.
Sin otra forma de juicio, están entonces, durante doce años, encarcelados y confinados en minúsculas celdas, trasladados de cárceles a lugares de detención tan clandestinos como precarios.
Condenados al aislamiento y en un estado de absoluta privación, sus cuerpos y sus mentes están sometidas a infames suplicios y torturas : golpeados, hambrientos, privados de luz y de todo contacto, no pueden hablarse entre ellos, apenas ver, comer o dormir. Poco a poco, están empujados a extremos, físicamente y moralmente, más allá de los límites de lo imaginable y soportable.

Se hace hincapié en los efectos psicológicos del encierro y en los medios utilizados para desestabilizar a los presos y hacerles perder toda humanidad. Lo absurdo de esta situación es tal que, incluso en esas condiciones, privados de todo, están aún considerados como una amenaza por parte del poder.

La cuestión que prevalece entonces es : ¿qué queda de un hombre cuando todo le es quitado ?
Aislado de los demás, del tiempo, del mundo exterior, despojado de todo lo que lo convierte en un individuo, hasta sus propios sentidos comienzan a fallarle.
Sin embargo, en lo más profundo de su ser, queda algo que nadie le puede quitar : su imaginación.
En efecto, a pesar de las inhumanas condiciones de detención enseñadas, es imposible permanecer impasible ante la lucha diaria de esos hombres para resistir las presiones y castigos, y especialmente su fuerza, imaginación y creatividad para seguir adelante.

Para sobrevivir, tuvieron que reinventarse (desde los vestigios de su condición humana), sumergirse en los recuerdos de momentos felices de sus vidas, inventar un sistema de comunicación a través de golpes en las paredes o agarrándose a los más pequeños detalles : imágenes, sonidos, recuerdos, un rayo de sol. Resistir es la consigna para escapar de la cruda realidad que les condenaba a la locura.

“La noche de 12 años” es un descenso a la oscuridad. El objetivo es llevar al individuo a sus recovecos, hundirlo en la locura, para destruir la resistencia del yo más íntimo.
Difícil de rastrear en 2 horas, 4323 días de infierno, pero la inmersión es abrumadora. Lejos del “pathos”, la película se enfoca más a demostrar la errancia existencial que sufrieron los rehenes.
Más allá de la meticulosa recreación de hechos históricos, es un viaje estético y sensorial, con muchos pequeños detalles, para presentar la batalla interior por la supervivencia.
Los tres actores, que tuvieron que hacer un gran trabajo de condicionamiento físico y mental para ponerse en la piel de los personajes, son conmovedores y llevan la película con una delicadeza y precisión de interpretación, causando una gran empatía.
La puesta en escena, íntima, nos acerca a ellos y nos sumerge en la lucha personal de estos individuos por la conservación del Hombre.

A lo largo de los 12 años de encarcelamiento recorridos, la película muestra que, a pesar de los descaros y los tiempos difíciles, la esperanza es la más fuerte.
Porque esos presos son ni más ni menos que : Eleuterio Fernández Huidobro (“Ñato”) ex-senador, vicepresidente y Ministro de Defensa (2011-2016), Mauricio Rosencof, periodista, poeta y director de la cultura de la Alcaldía de Montevideo desde 2005, y José Mujica (“Pepe”), ex-diputado, senador y luego presidente de la República entre 2010 y 2015.
Ejemplos de resiliencia, tuvieron después un papel importante en la historia del Uruguay contemporáneo.
El pasado tormentoso de estas figuras emblemáticas del país invita a reflexionar sobre cuestiones esenciales como la dignidad, el perdón y el rechazo a la venganza individual.

Así, sin desgarro ni recurrir a una violencia exagerada, esta poderosa historia magnifica la resistencia al dolor y al sufrimiento, así como la fuerza del compromiso del ser humano y la inmortalidad de las convicciones. 

El compromiso político, la importancia de las ideas políticas, la íntima certeza de haber tomado la decisión correcta y de haber actuado con integridad son elementos fundamentales a la hora de redoblar recursos y valentía.
Impulsados por una profunda confianza en lo que creían, la fuerza de sus convicciones les permitió, así como para otros modelos de lucha (Angela Davis, Gandhi, Nelson Mandela o Assata Shakur, por nombrar solo alguno.a.s) perseverar y asegurar su sobrevivencia : “Yo hice lo que hice porque creía en lo que hacía, ni usted ni nadie va a darme por derrotado” – Eleuterio Fernández Huidobro.
Si bien el mensaje político queda relegado a un segundo plano para adelantar resaltar al individuo, es una obra militante y un himno político para todo.a.s aquello.a.s que van hasta al máximo de sus fuerzas para defender y preservar sus ideales. 

Esta historia, verdadera lección de humanidad, merecía ser más conocida.

*El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros es un movimiento político uruguayo de extrema izquierda, que abogo por la acción directa y la guerilla urbana en las décadas 1960 y 1970.
– crédito fotos ©Tornasol Films –

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Laëtitia Buscaylet

Viajera del mundo, francesa de nacionalidad, latina de corazón. Curiosa en búsqueda de intercambios y encuentros, epicúrea en eterno cuestionamiento. Militante política y social contra las injusticias y desigualdades. Apasionada por el cine, fotógrafa aficionada.

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